REVMEDUAS
REVMEDUAS; Vol. 16 No. 1 Enero-Marzo 2026
ISSN 3122-4342
Anna Guadalupe López-Ceballos1, Saúl Armando Beltrán-Ontiveros2*
*Autor de correspondencia: Dr. Saúl Armando Beltrán Ontiveros
Eustaquio Buelna 91. Col. Burócrata C.P. 80030. Culiacán Rosales, Sinaloa, México.
Correo electrónico: saul.beltran@uas.edu.mx
DOI http://dx.doi.org/10.28960/revmeduas.3122-4342.v16.n1.001
Texto Completo PDFRecibido 01 de diciembre 2025, aceptado 19 de diciembre 2025
En México, la medicina personalizada en cáncer representa una necesidad creciente ante la alta prevalencia de enfermedades oncológicas y la marcada heterogeneidad biológica de los tumores en nuestra población1,2,3. A pesar de los avances en diagnóstico molecular y los esfuerzos por desarrollar terapias dirigidas, su implementación clínica sigue siendo limitada, especialmente por las diferencias en acceso a pruebas genómicas, infraestructura y disponibilidad de tratamientos. La individualización de tratamientos con base en alteraciones moleculares específicas, actualmente continúa siendo un reto importante y un objetivo prioritario en el camino de la medica de precisión, aunque la identificación de dichas alteraciones no siempre se traduce en beneficios terapéuticos consistentes. Esta brecha refleja la complejidad genética, epigenética y del microambiente tumoral4.
Uno de los principales desafíos es interpretar la información molecular más allá de biomarcadores aislados. La farmacogenómica ha demostrado que la respuesta terapéutica depende de redes biológicas interdependientes, donde convergen múltiples genes, vías de señalización y factores clínicos. Específicamente, en el contexto de la población mexicana, además, deben considerarse las particularidades genéticas de la población y la limitada representación de indiciduos latinoamericanos en estudios internacionales. Por ello, validar biomarcadores predictivos robustos y aplicables a poblaciones diversas continúa siendo una limitación crítica5,6.
A esta complejidad se suma la evolución dinámica del cáncer. Los perfiles moleculares pueden modificarse durante la progresión de la enfermedad o bajo presión terapéutica, reduciendo el valor de evaluaciones diagnósticas únicas. Aunque la biopsia líquida ofrece una alternativa para el monitoreo longitudinal, su adopción clínica todavía enfrenta retos técnicos, de estandarización, costos y acceso, particularmente en sistemas de salud con recursos limitados como ocurre en gran parte del país7.
En conjunto, el reto central no es generar más información molecular, sino integrarla en modelos clínicos funcionales que sean viables dentro del sistema de salud mexicano. La falta de estratificación adecuada continúa condicionando la variabilidad en la respuesta terapéutica, lo que subraya la necesidad de enfoques predictivos reproducibles, accesibles y aplicables en la práctica clínica real8.
Referencias